Pero... siempre hay un pero
Tras un partido poético en Riazor, y 18 años vagando por la mar mediante, el Madrid consiguió asaltar con elegancia el siempre férreo galeón de A Coruña.
Una elegancia sinónima de encontrar el camino, con otro estilo, parejo a la maestría del nivel del Barça. No el juego atascado, sin fluidez , ni creación, que tanto se ha alabado en jornadas anteriores.
Pero, siempre hay un pero.
Lo pone la prensa, cuya dudosa calidad posee un motivo: su fin.
Su fin ya no es infomar, sino ingresar. Cara a la galería, sólo nos ofrecen ingresos vendidos como información. Mientras, suman en sus partidas ejércitos de becarios mal pagados y otros gratis, muy mal sobornados. Así llevan tiempo en un peculiar sendero de hemorragias, ganando más dinero a la vez que pierden su creedibilidad por cada aldea.
Tras ofrecer su neciedad más espantosa defendiendo, en vez de reprendiendo, con esmero a un jugador que le ha roto la nariz a otro en una arrebato de rabia (¿si la nariz rota fuera la de Cristiano?) vuelve a tomarla con Pellegrini.
Al chileno le han tomado como figura débil, y por ello, ha sido enésimamente "despedido" en sus portadas de forma muy similar a la del árbitro que quiere ver un penalti. Su penalti es que la palabra dimisión arrima un plus al quiosco.
La última trama ha sido encender unas palabras de Valdano, en las que el número 2 de la entidad, no completamente conforme con el grato partido de su equipo, reclamaba la participación de los canteranos convocados, acusando al técnico de no “atreverse” porque “no les conocía lo suficiente”.
El partido iba 0-2 y dar facilidades a un siempre peligroso Deportivo no era oportuno. Pellegrini fue precabido y ganó 1-3. Si hubiera empatado a 2, con dos canteranos en el campo ¿Qué discurso usaría Valdano? ¿Y la prensa?
Yo en Vavel, aún me pregunto si además de la imagen que promueve el hostil marujeo mediático, que no tiene nada que envidiar al Laporta más fanfarrón, uno de los grandes problemas del Madrid, son, el protagonismo de los hombres de por medio. De figuras como Mijatovic o Valdano, cuya opinión, con más ahínco en este último, corresponde a palabras de entrenador, de insinuaciones a su subordinado, al que denigra a peón y mandado.
13 entrenadores han pasado desde la autonomía, desde que el Capello del 96 trajo a unos desconocidos Seedorf, Roberto Carlos, Panucci, Karembeu y compañía. Ni Heynckes, Hiddink, Del Bosque, Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Schuster, Juande Ramos, ni Pellegrini decidieron sus plantillas.
Curiosamente sólo uno de los menos comprometidos, Benjamin Toshack, se permitió traer a aquel que fuera fichaje más caro en la historia del Madrid, el bosnio Elvir Balic. Es cierto que es un riesgo darle voz y voto a ciertos entrenadores, más los breves (que así han sido la mayoría por diversos factores), ya que una vez despedidos su plantilla queda desnuda de cara al nuevo entrenador.
Pero algo falla cuando el rol del entrenador del Madrid, no es moldear a igualdad de condiciones su equipo. Nadie mejor que el entrenador puede intuir carencias. Y si bien los directores generales creen saberlo por encima del responsable, no estaría mal replantearse volver al paredón y a la opinión pública, en vez de invadir competencias de quien ha demostrado al menos, criterio y valor. Si no, no hay oportunidades, solo miedo.
Y a ellos no se les puede hacer totalmente responsables, porque no les han dejado sentir como tales.
Así el Madrid, siempre será una obra inacabada.




















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